Y sabiendo que caminaban por líneas paralelas, construían un puente de imaginaciones y deseos, con el fin único de cruzarse.
Era difícil sobrellevar los pensamientos hacia un mismo lugar pero la pasión lo hacía posible.
Ella creía que ese anhelo por lo ilusorio lo iba a hacer real en algún momento, sin saber que solo provocaba una pena sin fin, tan innegable y tan devastadora.
El caminaba como quién se muestra en un festín, con distinción y delicadeza, seguro de que la vida le iba a traer a sus pies eso que tanto ansiaba.
Los sentimientos se contraponían a un mismo y elocuente fin, pero el tiempo dejaba de lo suyo y hacía desgarradora la interminable llegada de la HORA JUSTA.
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